Las fotos sobre personas son las que generan mayor acogida por parte del público que las de cualquier otro tema.
Un buen retrato no es aquel que muestra tan sólo la apariencia física de un sujeto, sino aquel que consigue establecer una biografía visual, aquel que capta la esencia de un carácter y muestra su inconfundible personalidad.
Un retrato puede tomarse sin conocimiento del modelo o puede convertirse en una cuestión de encargo en la que se paga al fotógrafo por un trabajo específico.
Se puede escoger entre varios tipos de cámaras y objetivos, según las necesidades de cada situación; la iluminación ha de preverse de manera que consiga un determinado efecto, y el punto de vista de la cámara ha de ser el más adecuado para el rostro que se vaya a retratar o para realzar parte del decorado.
Al captar el movimiento del sujeto con la ayuda de un flash, puede conseguirse un retrato muy expresivo.
No hay que subestimar la importancia que tienen los fondos y los decorados. Si se fotografía a la gente en exteriores o en su propio ambiente, logrará añadir ese toque personal que puede echar de menos en una foto de estudio.
Los mejores fotógrafos siguen estas directrices para captar expresiones que realmente describan la personalidad del modelo y su estado anímico.
Los mejores fotógrafos siguen estas directrices para captar expresiones que realmente describan la personalidad del modelo y su estado anímico.
Una luz suave y difusa es generalmente la mejor y la que más favorece, aunque hay ocasiones en que una fuerte iluminación lateral se adapta mejor a las características del modelo. Conviene experimentar con varios tipos de luz y conocer su efecto.
Una ventana suele proporcionar una iluminación suave, difusa y natural. Situaremos al modelo cerca de la ventana, de pie o sentado, de modo que tres cuartos de su cara estén iluminados por la luz exterior. Si entra la luz directa del sol, se puede difuminar con una cortina delgada, una sábana blanca o papel vegetal.
Cualquier tipo de superficie blanca servirá para reflejar la luz, por ejemplo, una cartulina. Podemos mover el reflector hacia delante y hacia atrás para variar la intensidad de la luz de relleno.
La iluminación más habitual para hacer retratos consiste en colocar la luz principal (un flash o un foco de tungsteno) 45º a un lado del modelo un poco por encima de su cabeza con un reflector en el lado opuesto para rellenar las sombras. Se puede difuminar la luz mediante un paraguas reflector o cualquier tipo de material translúcido , sea una sábana blanca o papel vegetal (es importante mantener el material difusor a cierta distancia de la bombilla para que no se queme). Cambiando al ángulo de la luz principal a 90º del modelo (y del reflector) las sombras serán diferentes.
Además de usar flashes fijos y reflectores o materiales difusores para suavizar la luz, se consigue un efecto parecido rebotando el flash en el techo o en una pared cercana. La luz envolverá toda la estancia de forma muy equilibrada, especialmente en habitaciones blancas o de colores claros.
Obtendremos las mejores fotografías cuando esté enfrascado en su trabajo. Hay que moverse y buscar ángulos diversos; hacer fotos con gran angular, de cerca, generales, desde un lado e invitar al modelo a que levante la vista de su trabajo. Tengamos siempre presentes las características más relevantes de su persona y registrar los aspectos que las comuniquen: si es un músico tocando el piano, reproduzcamos un momento de éxtasis; si se trata de un levantador de pesas, captemos la tensión que le desencaja el rostro.